Colombia, país de alegrías y penas, de climas perfectos para la locura, de gente maravillosa que vive toda contradicción con una sonrisa dibujada en sus bocas. De hombres y mujeres dispuestos a largas conversaciones que, de manera mágica, provocan que el tiempo se detenga para sostener ese intercambio que pareciera ser lo único valorable en ese pequeño instante del presente. Aquí amplié toda perspectiva de vida. Aquí todos los objetivos personales sufrieron cambios profundos. Aquí llegué para tomar distancia, pensar, soltar y aferrarme a nuevos desafíos personales y colectivos. Llegué sin prejuicios, la intención era absorber, impregnarme de todo lo que aquí se vive. Pese a que esa era la idea, no siempre logramos esa falsa impronta antropológica, pues algo nos jala a la tierra que nos hizo ser. Chile, ese pedazo de terruño al sur del mundo, se ve distinto con el tiempo, se le toma más cariño, se comprende que lo que nos mueve finalmente es el amor y cariño por el pueblo, y el orgullo crece a la distancia cuando ese pueblo pretende ser y hacer una nueva historia.
Colombia, vine a conocerte, pero no pude lo suficiente, te decepcioné. A cambio conocí a tu gente, sin ellos tus paisajes no serían más que un cuadro digno para colgar en algún álbum sobre turismo. Conocí a grandes amigos y amigas. En tus calles caminé junto a hermosas personas, mi vida se cruzó con intereses y objetivos diversos, nada es casual. Latinoamérica crece con sangre nueva, y seremos nosotros quienes debemos profundizar una real integración regional, quienes debemos intercambiar experiencias, pues finalmente hay más cosas que nos unen que aquellas que nos separan. Los pueblos no son los responsables de lo que los gobernadores, muchas veces sujetos a intereses foráneos, hacen de nuestros países. El destino de la región nos pertenece, ser conscientes y trabajar por las transformaciones es esencial para un empoderamiento que logre acercar nuestras formas de ver el mundo.
Colombia, millones de gracias; gracias por cada amigo y amiga que me entregaste en tus tierras; gracias por ser un espejo donde poder observar lo que soy y lo que somos en este lado del mundo; gracias por entregarme una nueva familia; gracias por tus climas, los locos y necios lo disfrutamos.
Espero verte pronto, por ahora, mi patria me espera.
Yo no sé lo que es el destino
caminando fui lo que fui
allá Dios que será divino
yo me muero como viví.
Silvio Rodriguez
Silvio Rodriguez