Este ColoColo que no pertenece a nadie en particular,
pero que pertenece a todos en general. Pertenece a Chile entero.
Este ColoColo, como hablábamos con Héctor hace un rato,
cuando comenzaba la jornada, que ha sido sintetizado
como fenómeno social por psicólogos y sociólogos.
Y yo preguntaba esta noche ¿Qué es el fenómeno social?
¿Me lo pueden explicar?
Que vengan los doctos, que vengan los maestros,
que vengan los literatos, que vengan los hombres de la poesía a describirnos esto.
¿Exceso de fanatismo? ¿Exceso de ilusión?
Es que ColoColo es una cosa tan difícil de explicar.
Es que como yo decía: ColoColo es un trozo de cordillera,
porque si su camiseta es blanca, alguna razón tendrá,
porque ColoColo es mano de trabajador,
mano callosa del obrero, es sangre araucana que corre por las venas,
es pulmón de trabajador, es genuina expresión de aquellos que se
esconden en la profundidad de la mina, que se ensucian
con el carbón, que luchan de sol a sol,
porque allá, a tajo abierto en Chuquicamata o
bajo la tierra en el mineral de El Teniente,
luchan diariamente y tienen como única
satisfacción a lo mejor en la semana,
más allá de la remuneración, más allá del sueldo,
el saber que sus colores, sus pendones son triunfadores.
pero que pertenece a todos en general. Pertenece a Chile entero.
Este ColoColo, como hablábamos con Héctor hace un rato,
cuando comenzaba la jornada, que ha sido sintetizado
como fenómeno social por psicólogos y sociólogos.
Y yo preguntaba esta noche ¿Qué es el fenómeno social?
¿Me lo pueden explicar?
Que vengan los doctos, que vengan los maestros,
que vengan los literatos, que vengan los hombres de la poesía a describirnos esto.
¿Exceso de fanatismo? ¿Exceso de ilusión?
Es que ColoColo es una cosa tan difícil de explicar.
Es que como yo decía: ColoColo es un trozo de cordillera,
porque si su camiseta es blanca, alguna razón tendrá,
porque ColoColo es mano de trabajador,
mano callosa del obrero, es sangre araucana que corre por las venas,
es pulmón de trabajador, es genuina expresión de aquellos que se
esconden en la profundidad de la mina, que se ensucian
con el carbón, que luchan de sol a sol,
porque allá, a tajo abierto en Chuquicamata o
bajo la tierra en el mineral de El Teniente,
luchan diariamente y tienen como única
satisfacción a lo mejor en la semana,
más allá de la remuneración, más allá del sueldo,
el saber que sus colores, sus pendones son triunfadores.
Vladimiro Mimica, 5 de junio de 1991








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