lunes, 31 de agosto de 2015

Aires de primavera

Se acabó el invierno, salió el sol y se nos adelantó la primavera. Cuando era niño, esos primeros rayos de sol que asomaban tímidamente desde la cordillera, nos indicaban que quedaba cada vez menos para las anheladas vacaciones de verano; jugar a la pelota en el pasaje hasta tarde, andar en bicicleta en las calles de tierra, jugar al pillarse y tomar coca cola con hielo, eran los únicos panoramas viables en ese pequeño mundo. 

El rito entre las responsabilidades escolares y la libertad, estaba marcado sin duda por la navidad (el dieciocho y año nuevo eran fiestas de adultos, lejano para nosotrs). Ese día en el pasaje era maravilloso; cerraban los accesos, se pintaban las calles y los arboles de blanco, de una casa sacaban amplificadores e instalaban una pequeña tarima para los espectáculos del día. Era el mejor día de nuestras cortas vidas. Ese estrecho pasaje se convertía para nosotros en una pequeña nación, y quien gobernaba siempre era el dueño de la pelota, y la más seca para la payaya o el luche. Nuestros viejos eran quienes resguardaban los conflictos (picarse era fácil, pero se pasaba rápido). Nada importaba más que jugar, simplemente jugar. Cada cierto rato, cuando ya estábamos agotados, nos cuestionábamos la veracidad del gordo de rojo y barbón; "Creís que el viejito pascuero me traiga lo que le pedí, igual me he portado bien". Esa frase salía mientras tomábamos bebida en el entretiempo, de un juego que duraba dos horas por lado, y donde cada equipo tenía a 11 jugadores en una cancha similar a una de baby (o micro). Para nosotros no había mejor estadio que ese, con arcos de piedras en el suelo.
Llegaba la noche, y con ella la cena familiar. La tensión se reflejaba en los rostros de todos y todas. Mi mamá confiaba ciegamente en mi viejo, y como a él siempre le gustó la adrenalina, llegaba tarde pero igual cumplía. A las 23.30 mi hermano mayor nos llevaba a mi y a mi hermano menor a dar una vuelta por el barrio. Recuerdo ese local de videojuegos en Juan Cristóbal, ahí llegaban todos los adolescentes con sus hermanitos menores. Cuando ya faltaban pocos minutos para las cero horas, caminábamos de vuelta a casa, y en el trayecto nos dábamos cuenta de lo desfasado de algunos relojes. 
Al sacar el papel y develar la sorpresa, estuvieron siempre nuestros regalos allí; bicicletas, pelotas, patines, scooter, skate. Hubo un año que nos llegó un playstation, fue el regalo más tecnológico que recibimos ¿Cómo no quedar loco con las gráficas de la play uno? Nuevamente salíamos a la calle, esta vez con regalo nuevo. Era común ver que todos habíamos pedido las mismas cosas. Ya no había uno o dos con bicicleta, eran diez. Ya no había una sola pelota para jugar, teníamos varias de reserva. La bicicleta era el mejor regalo que jamás pudimos tener, por primera vez teníamos en nuestro poder el ritmo de nuestras vidas. Por primera vez sentimos que podíamos ir más allá del pasaje, a una velocidad inigualable, y estar de vuelta sin que nuestros viejos se dieran cuenta. Así, poco a poco, íbamos dejando la población para conocer otros mundos. 

jueves, 9 de julio de 2015

Intimidad, Mario Benedetti.




Amanecer en Santa Marta, Colombia.
Soñamos juntos
juntos despertamos
el tiempo hace o deshace
mientras tanto


no le importan tu sueño
ni mi sueño
somos torpes
o demasiado cautos


pensamos que no cae
esa gaviota
creemos que es eterno
este conjuro
que la batalla es nuestra
o de ninguno


juntos vivimos
sucumbimos juntos
pero esa destrucción
es una broma
un detalle una ráfaga

un vestigio
y un abrirse y cerrarse
el paraíso


ya nuestra intimidad
es tan inmensa
que la muerte la esconde
en su vacío


quiero que me relates
el duelo que te callas


por mi parte te ofrezco
mi última confianza


estás sola
estoy solo
pero a veces
puede la soledad
ser
una llama

miércoles, 17 de junio de 2015

Gracias Colombia

Colombia, país de alegrías y penas, de climas perfectos para la locura, de gente maravillosa que vive toda contradicción con una sonrisa dibujada en sus bocas. De hombres y mujeres dispuestos a largas conversaciones que, de manera mágica, provocan que el tiempo se detenga para sostener ese intercambio que pareciera ser lo único valorable en ese pequeño instante del presente. Aquí amplié toda perspectiva de vida. Aquí todos los objetivos personales sufrieron cambios profundos. Aquí llegué para tomar distancia, pensar, soltar y aferrarme a nuevos desafíos personales y colectivos. Llegué sin prejuicios, la intención era absorber, impregnarme de todo lo que aquí se vive. Pese a que esa era la idea, no siempre logramos esa falsa impronta antropológica, pues algo nos jala a la tierra que nos hizo ser. Chile, ese pedazo de terruño al sur del mundo, se ve distinto con el tiempo, se le toma más cariño, se comprende que lo que nos mueve finalmente es el amor y cariño por el pueblo, y el orgullo crece a la distancia cuando ese pueblo pretende ser y hacer una nueva historia.

Colombia, vine a conocerte, pero no pude lo suficiente, te decepcioné. A cambio conocí a tu gente, sin ellos tus paisajes no serían más que un cuadro digno para colgar en algún álbum sobre turismo. Conocí a grandes amigos y amigas. En tus calles caminé junto a hermosas personas, mi vida se cruzó con intereses y objetivos diversos, nada es casual. Latinoamérica crece con sangre nueva, y seremos nosotros quienes debemos profundizar una real integración regional, quienes debemos intercambiar experiencias, pues finalmente hay más cosas que nos unen que aquellas que nos separan. Los pueblos no son los responsables de lo que los gobernadores, muchas veces sujetos a intereses foráneos, hacen de nuestros países. El destino de la región nos pertenece, ser conscientes y trabajar por las transformaciones es esencial para un empoderamiento que logre acercar nuestras formas de ver el mundo. 

Colombia, millones de gracias; gracias por cada amigo y amiga que me entregaste en tus tierras; gracias por ser un espejo donde poder observar lo que soy y lo que somos en este lado del mundo; gracias por entregarme una nueva familia; gracias por tus climas, los locos y necios lo disfrutamos. 

Espero verte pronto, por ahora, mi patria me espera.

Yo no sé lo que es el destino
caminando fui lo que fui
allá Dios que será divino
yo me muero como viví.

Silvio Rodriguez 





domingo, 31 de mayo de 2015

Pido Perdón

Acabo de leer en el The Clinic lo sucedido con el periodista José Antonio Neme, y su caso de Bullying en su etapa escolar. Antes que todo me parece destacable y, por qué no, también admirable la forma en como revirtió su situación. No quiero detenerme a analizar el rollo del abuso, vengo a soltar heridas y pedir perdón.

Foto: Limay Uribe Ruberti.
Es sabido que los niños son, y hemos sido todos, sujetos de juegos que nos llevan a mirar las cosas de manera liviana, y al no conocer todo lo que este mundo nos ofrece, caemos en bromas que hieren y dejan marcas de por vida. Tuve la fortuna de descubrir mi propia forma de revertir esa situación de abuso a temprana edad; el humor, el desorden y el deporte fueron mis herramientas. Nunca sentí abuso por parte de brabucones o de matones, pese a que, como todos, siempre tuve conflictos con ellos, pues al mostrarme como un tipo poco serio simplemente los alejaba (para mi fortuna). Sin embargo, con el tiempo tomé un rol de mierda, me convertí poco a poco en el payaso del curso, y en el bufón de los matones. Pero tomé conciencia de ello cuando dejé la educación básica y entré a un liceo con características de regimiento militar, no podía ser menos para un establecimiento repleto de hombres adolescentes que buscaban desenfrenadamente destacar por sobre el resto, sobre todo entendiendo que al frente se ubicaba un colegio de niñas. Aprendí el orden y la disciplina, como también comencé a entender que ya no necesitaba protegerme, pues sin querer me fui posicionando como el líder del curso, así que ya no necesitaba ser payaso. Pese a que en momentos seguía cayendo en eso, traté de usar esa estrategia para acercarme a compañeros y servir en su defensa. La verdad no sé si lo logré. No buscaba ser amigo de ellos, estaba entre el nosotros y los otros. Nunca supe cómo algunos compañeros manejaron los abusos, no sé cómo habrán seguido sus vidas. De algunos me hice muy amigo, y con el tiempo ellos se dieron cuenta que el humor les servía para revertir su situación.

A veces, cuando niños, en la etapa del colegio, o incluso en nuestra cotidianidad laboral o universitaria, caemos sin darnos cuenta en la burla fácil, en el chiste fome hacia un compañero o amigo, y no sabemos las repercusiones que ese acto puede acarrearle a esa persona. Burlarse de alguien puede provocar muchos efectos en la personalidad de alguien por ejemplo; que le cueste hablar en público, que sienta temor o vergüenza ante una exposición académica o laboral, que guarde silencio en un carrete por miedo a no caer bien, etc. El abuso no pertenece a un ámbito delimitado de la vida, es algo que puede ocurrir en cualquier momento.  

Creo que lo de Neme nos dice un poco eso, nos insta a tomar conciencia y a tomar una posición como amigos, como hermanos, como futuros padres, como actores sociales, y detener esto que refleja un individualismo absurdo y brutal para con los otros. Yo pido perdón, perdón por haber sido un bufón, perdón por lo que le pude haber causado a un compañero y a su familia, pero también me comprometo a un nunca más, nadie se merece ser mal tratado por simplemente ser. Reconocer la diversidad y alimentarse de ella nos hace bien a todos y todas. 


Testimonio de José Antonio Neme: 
http://www.theclinic.cl/2015/05/28/jose-antonio-neme-revela-crudo-testimonio-de-bullying-que-le-toco-vivir-en-el-colegio/

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domingo, 19 de abril de 2015

¡Esto es Colo Colo!


Este ColoColo que no pertenece a nadie en particular,
pero que pertenece a todos en general. Pertenece a Chile entero.
Este ColoColo, como hablábamos con Héctor hace un rato,
cuando comenzaba la jornada, que ha sido sintetizado
como fenómeno social por psicólogos y sociólogos.
Y yo preguntaba esta noche ¿Qué es el fenómeno social?
¿Me lo pueden explicar?
Que vengan los doctos, que vengan los maestros,
que vengan los literatos, que vengan los hombres de la poesía a describirnos esto.
¿Exceso de fanatismo? ¿Exceso de ilusión?
Es que ColoColo es una cosa tan difícil de explicar.
Es que como yo decía: ColoColo es un trozo de cordillera,
porque si su camiseta es blanca, alguna razón tendrá,
porque ColoColo es mano de trabajador,
mano callosa del obrero, es sangre araucana que corre por las venas,
es pulmón de trabajador, es genuina expresión de aquellos que se
esconden en la profundidad de la mina, que se ensucian
con el carbón, que luchan de sol a sol,
porque allá, a tajo abierto en Chuquicamata o
bajo la tierra en el mineral de El Teniente,
luchan diariamente y tienen como única
satisfacción a lo mejor en la semana,
más allá de la remuneración, más allá del sueldo,
el saber que sus colores, sus pendones son triunfadores.
Vladimiro Mimica, 5 de junio de 1991







martes, 3 de febrero de 2015

Sentir

Salar de Uyuni, Bolivia. 2014.


No he viajado tanto 
como para escribir un libro,
pero tampoco me he detenido 
como para no seguir un sueño.

Pienso a cada instante, 
y agradezco que el tiempo...
que la vida...
que el amor...
que la familia...
que los amigos...
que las mujeres y el vino...
me hayan dado eso
¡momentos!

Vida con alegría
también vida con pesar
vibras que llenan de energía
y almas que inspiran al pasar.

Soy un viajero rata que llega donde lo llamen
aunque ha sido bien poco lo que he recorrido
(y no han sido much@s los que me llamen)
y aunque ha sido bien poco lo que he visto
encontré en ellas experiencias que llenan
(y gratis por las calles de pueblos y ciudades)

...Corremos
a veces nos detenemos
¡para que hablar si reflexionamos!

Son tres momentos de la vida
que hay que saber aprovechar.

El primero es universal
correr-correr-correr
el segundo es raro, tradicional
detenerse, ¿para qué?
pero el tercero es obligatorio
-no hay escapatoria-

Tres momentos que tod@s
aunque sea por una vez
experimentamos.

No hay duda que con la distancia la cosa cambia
con distancia un@ aprende y extraña
pero al volver a donde pertenecemos
no volvemos igual a como partimos
volvemos con otros lentes
y ya no basta tampoco con eso
con pensar
con razonar
con intentar que todo encaje en el cuadro
(créame que la pintura discurre si no sabe la técnica)


Hay que apreciar y darse por completo
a esa tarea nunca bien ponderada de sentir
hay que defender esa misión
protegerla del pulpo del individualismo
porque aunque no lo crea
la tarea es bien simple
no se le olvide amar, dar, sin cuotas ni intereses

amar a cada instante
amar el acto de hacer y sentir
amar el simple hecho de creer

con ello el objetivo será uno solo, pues no hay más
buscar la meta sin competir
pero sin abandonar tampoco una posición
porque ella siempre será una militancia activa
que co-habita entre nos
y que nos invita a creer para crear
y a sentir para caminar.

jueves, 29 de enero de 2015

A la izquierda del roble. Mario Benedetti



No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes

pero el Jardín Botánico es un parque dormido
en el que uno puede sentirse árbol o prójimo
siempre y cuando se cumpla un requisito previo.
Que la ciudad exista tranquilamente lejos.



El secreto es apoyarse digamos en un tronco
y oír a través del aire que admite ruidos muertos
cómo en Millán y Reyes galopan los tranvías.



No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico siempre ha tenido
una agradable propensión a los sueños
a que los insectos suban por las piernas
y la melancolía baje por los brazos
hasta que uno cierra los puños y la atrapa.



Después de todo el secreto es mirar hacia arriba
y ver cómo las nubes se disputan las copas
y ver cómo los nidos se disputan los pájaros.



No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
ah pero las parejas que huyen al Botánico
ya desciendan de un taxi o bajen de una nube
hablan por lo común de temas importantes
y se miran fanáticamente a los ojos
como si el amor fuera un brevísimo túnel
y ellos se contemplaran por dentro de ese amor.



Aquellos dos por ejemplo a la izquierda del roble
(también podría llamarlo almendro o araucaria
gracias a mis lagunas sobre Pan y Linneo)
hablan y por lo visto las palabras
se quedan conmovidas a mirarlos
ya que a mí no me llegan ni siquiera los ecos.



No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero es lindísimo imaginar qué dicen
sobre todo si él muerde una ramita
y ella deja un zapato sobre el césped
sobre todo si él tiene los huesos tristes
y ella quiere sonreír pero no puede.



Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico



ayer llegó el otoño
el sol de otoño
y me sentí feliz
como hace mucho
qué linda estás
te quiero
en mi sueño
de noche
se escuchan las bocinas
el viento sobre el mar
y sin embargo aquello
también es el silencio
mírame así
te quiero
yo trabajo con ganas
hago números
fichas
discuto con cretinos
me distraigo y blasfemo
dame tu mano
ahora
ya lo sabés
te quiero
pienso a veces en Dios
bueno no tantas veces
no me gusta robar
su tiempo
y además está lejos
vos estás a mi lado
ahora mismo estoy triste
estoy triste y te quiero
ya pasarán las horas
la calle como un río
los árboles que ayudan
el cielo
los amigos
y qué suerte
te quiero
hace mucho era niño
hace mucho y qué importa
el azar era simple
como entrar en tus ojos
dejame entrar
te quiero
menos mal que te quiero.



No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero puedo ocurrir que de pronto uno advierta
que en realidad se trata de algo más desolado
uno de esos amores de tántalo y azar
que Dios no admite porque tiene celos.



Fíjense que él acusa con ternura
y ella se apoya contra la corteza
fíjense que él va tildando recuerdos
y ella se consterna misteriosamente.



Para mí que el muchacho está diciendo
lo que se dice a veces en el Jardín Botánico



vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
sólo de a ratos parecía
que iba a vivir
que iba a vencernos
pero los dos fuimos tan fuertes
que lo dejamos sin su sangre
sin su futuro
sin su cielo
un niño muerto
sólo eso
maravilloso y condenado
quizá tuviera una sonrisa
como la tuya
dulce y honda
quizá tuviera un alma triste
como mi alma
poca cosa
quizá aprendiera con el tiempo
a desplegarse
a usar el mundo
pero los niños que así vienen
muertos de amor
muertos de miedo
tienen tan grande el corazón
que se destruyen sin saberlo
vos lo dijiste
nuestro amor
fue desde siempre un niño muerto
y qué verdad dura y sin sombra
qué verdad fácil y qué pena
yo imaginaba que era un niño
y era tan sólo un niño muerto
ahora qué queda
sólo queda
medir la fe y que recordemos
lo que pudimos haber sido
para él
que no pudo ser nuestro
qué más
acaso cuando llegue
un veintitrés de abril y abismo
vos donde estés
llevale flores
que yo también iré contigo.



No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero el Jardín Botánico es un parque dormido
que sólo despierta con la lluvia.



Ahora la última nube a resuelto quedarse
y nos está mojando como alegres mendigos.



El secreto está en correr con precauciones
a fin de no matar ningún escarabajo
y no pisar los hongos que aprovechan
para nadar desesperadamente.



Sin prevenciones me doy vuelta y siguen
aquellos dos a la izquierda del roble
eternos y escondidos en la lluvia
diciéndose quién sabe qué silencios.



No sé si alguna vez les ha pasado a ustedes
pero cuando la lluvia cae sobre el Botánico
aquí se quedan sólo los fantasmas.



Ustedes pueden irse.
Yo me quedo